Si pudieras hacer un solo cambio en tu vida que redujera tu riesgo de sufrir enfermedades crónicas, te ayudara a perder peso, te hiciera sentir más feliz y lleno de energía, ¿lo llevarías a cabo?

Pues el único cambio al que me refiero es reducir los alimentos procesados.

Muchos ya saben que los alimentos refinados no son buenos para el cuerpo porque están llenos de azúcar (incluida la fructosa), grasas sintéticas y rancias, conservantes, ingredientes genéticamente modificados (GM), aditivos y otras sustancias tóxicas.

Por algo se les llama alimentos basura o chatarra.

Y menos conocido, pero igualmente importante (si no más), es que están íntimamente ligados a procesos inflamatorios del cuerpo y atentan contra el funcionamiento normal del intestino, dos factores involucrados en casi todos los aspectos de tu salud.

Es difícil negar o ignorar los resutados de las investigaciones sobre los alimentos procesados.

Especialmente porque salió a la luz un nuevo estudio que destaca su efecto perjudicial en el sistema inmunológico y la salud intestinal (y la de tus generaciones futuras).

Comer hasta llegar a una muerte prematura

En una revisión reciente publicada en el Nutrition Journal, el Dr. Ian Myle, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, explicó que la dieta occidental está preparando el escenario para las enfermedades del sistema inmune.

«Si bien la dieta moderna de hoy puede proporcionar una protección beneficiosa contra las deficiencias de micro y macronutrientes, nuestra abundancia excesiva de calorías y los macronutrientes que componen nuestra dieta pueden conducir a un aumento de la inflamación, un menor control de la infección, mayores tasas de cáncer y un mayor riesgo de alergia y enfermedad autoinflamatoria «.

Los componentes de la dieta pueden desencadenar o evitar que la inflamación se arraigue en tu cuerpo y, cuando se hace crónica, promueve enfermedades cardíacas, diabetes, derrames cerebrales, cáncer y otras:

  • Los azúcares simples aumentan los marcadores inflamatorios en la sangre, mientras que la fibra compleja de carbohidratos (pero no los almidones), como la que se encuentra en las frutas y verduras, parece reducir la inflamación.
  • Aumentar el consumo de grasas omega-6 (que se encuentran en los aceites vegetales) contribuye a la disfunción inmune, mientras que las grasas omega-3 ayudan a prevenirla.
  • La sobreabundancia de alimentos procesados ​​y modificados genéticamente aumenta la inflamación y silencia la capacidad del sistema inmunológico para responder y controlar las infecciones.

Lo que comes puede dañar tu salud intestinal

La  microflora de tu cuerpo está compuesta por casi 100 billones de bacterias, hongos, virus y otros microorganismos.

Y la ciencia ha dejado bastante claro que estos organismos juegan un papel importante en tu salud, tanto mental como física.

Por ejemplo, se ha demostrado que las bacterias beneficiosas conocidas como probióticos ayudan a:

  • Contrarrestar la inflamación y controlar el crecimiento de bacterias que causan enfermedades.
  • Producir vitaminas, absorber minerales y eliminar toxinas.
  • Controlar el asma y reducir el riesgo de alergias.
  • Beneficiar tu estado de ánimo y salud mental.
  • Normalizar tu peso.

Por eso, se recomienda una dieta rica en alimentos enteros y sin procesar, junto con los cultivados o fermentados.

Si por alguna razón no consumes alimentos fermentados varias veces a la semana, deberías considerar suplementarte con un probiótico de alta calidad.

Comer demasiados granos, azúcares y alimentos procesados sirven como «fertilizante» para los microorganismos patógenos (que causan enfermedades) y la levadura, lo cual hace que se multipliquen rápidamente.

De hecho, millones de personas sufren de sobrecrecimiento de levadura y otras enfermedades relacionadas con un desbalance de mircoorganismos en sus intestinos. Lo peor es que la mayoría de los médicos convencionales no podrá identificar la causa de esos síntomas si sufres ese desequilibrio.

Así se explica en el Nutrition Journal:

«La idea de que la dieta, el estrés y el medio ambiente pueden, para bien o para mal, impactar en el intestino ha existido desde los antiguos faraones egipcios. Sin embargo, solo el enfoque reciente y los avances tecnológicos han permitido dilucidar con precisión los mecanismos por los cuales nuestro estilo de vida impacta nuestro microbioma y conduce a disbiosis”.  

Por eso, lo mejor que puedes hacer por tu salud -incluida la digestiva-, es eliminar los azúcares y los alimentos procesados al mínimo. 

¿Planeas tener un bebé? Lo que comes ahora, más tarde lo afectará a él

Uno de los aspectos más llamativos de la salud intestinal es que puede impactar en la salud de tus hijos y nietos.  

Y es que las malas elecciones dietéticas pueden codificarse en los patrones de tu ADN y microbioma intestinal, lo que conduce a cambios permanentes en el equilibrio de bacterias en tu cuerpo. Pues esos patrones pueden transmitirse a tus hijos.

El Nutrition Journal señaló que la dieta de una madre puede dar forma a las preferencias de sabor de su hijo en el útero, por ejemplo, inclinándolo hacia las verduras o los dulces.

También hay evidencia de que los niños heredan su microbioma de la madre y parte de esto puede ser «sembrado en el feto mientras aún está en el útero”.

Si una madre tiene un desequilibrio de bacterias, lo transmitirá a su hijo y «por lo tanto, no presenta los comensales ideales para una educación inmune adecuada durante la ventana de desarrollo más crítica de su hijo”. 

Este desbalance en el desarrollo deja al sistema inmunitario de la descendencia mal capacitado para combatir las infecciones y favorece las enfermedades autoinmunes y alérgicas.

Incluso la dieta del padre juega un papel en la salud futura del niño y podría alterar el desarrollo temprano de su sistema inmune. 

De esta forma, las células que aprenden malos hábitos como ignorar los signos de infección o reaccionar en exceso a los antígenos (sustancia que el sistema inmunológico interpreta como una amenaza) podrían combinarse con cambios en el microbioma para empeorar el desarrollo inmunológico de un niño.

Los alimentos fermentados son tus mejores aliados

Ahora que conoces los riesgos de consumir alimentos procesados ​​y la importancia proveer a tu intestino de organismos beneficiosos, te debes estar preguntando qué hacer al respecto.

Te doy los primeros tres pasos: 

1. Elimina los alimentos procesados tanto ​​como sea posible y cámbialos por los enteros y sin procesar como carne orgánica alimentada con pasto, huevos y productos orgánicos, nueces, semillas y grasas saludables (como aceite de coco).

2. Un festín regular de alimentos fermentados es la mejor ruta hacia una salud digestiva óptima, siempre y cuando elijas las versiones sin pasteurizar hechas tradicionalmente.

Puedes optar por fermentaciones de verduras. Muchas personas encuentran deliciosas el vinagre de repollo, nabos, berenjenas, pepinos, cebollas, calabazas y zanahorias.

También están el lassi (bebida a base de yogur indio), la leche orgánica fermentada alimentada con pasto como kéfir y el natto (fermentado soja).

Recuerda que en los alimentos fermentados también puedes encontrar algunas bacterias que reducen la carga tóxica de sustancias como metales pesados ​​y pesticidas. 

3. Cuando logres cambiar una comida procesada por alimentos fermentados, establécete otro objetivo, como cambiar unas papas fritas o pretzels por brócoli gratinados con queso, o reemplazar un refresco diario por un vaso de agua con gas.

A medida que hagas cambios en tu dieta obtendrás más impulso y energía para seguir eliminando un hábito poco saludable a la vez.

Y más pronto de lo que crees, te habrás librado por completo de los alimentos procesados y todos los problemas de salud que los acompañan.

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